lunes, 22 de abril de 2013

El Herradero (I): Antes y ahora

Tras el destete los becerros pasan varias semanas en un cerrado poco extenso, comiendo pienso y cogiendo fuerzas que les ayudan a olvidarse de las madres y a prepararse para su "bautizo", el herradero.

Esta faena consiste en marcar a fuego a los futuros toros asignándoles a cada uno de ellos un número individual, también el guarismo, que es la última cifra del año ganadero de nacimiento de la res y, además, dos hierros identificativos, uno será el hierro de la ganadería y el otro será el hierro de la agrupación a la que pertenece dicha ganadería. Para que los hierros se puedan marcar bien y que durante toda la vida sean legibles es necesario inmovilizar al animal. Ahora se realiza la faena de una forma muy cómoda, en un cajón fabricado a conciencia para tal fin y que además de comodidad aporta rapidez y resta trabajo. Tipos de cajones de herrar hay muchos pero al fin y al cabo el sistema es el mismo en todos. Sujeta la cabeza del becerro con un yugo y el cuerpo con unas cadenas impidiendo movimiento alguno del animal que es herrado eficaz y rápidamente.

Se le inmoviliza la cabeza y la cara con un yugo...
...y el cuerpo con unas cadenas
Todo son virtudes en esta forma tan moderna de herrar pero tiene un grandísimo defecto, al menos para mí, y es que se ha perdido todo el sabor campero que tenía esta faena. Antes un día de herradero era un día de fiesta en la ganadería, venían multitud de amigos, familia, invitados y aficionados a ayudar en la faena y a disfrutar del ambiente festivo. Hacía falta tanto personal porque tirar ochenta becerros a mano, teniendo algunos cuatro dedos de pitón, cansaba lo suyo. En el corral se amarraba una de las patas del becerro y se le abría la puerta. Varios hombres, cada uno con su cometido, esperaban fuera. Uno cogía al animal por la cabeza, otro lo cogía por el rabo y un tercero sujetaba y ayudaba tirando de la cuerda. He tardado más en explicarlo, si los hombres eran habilidosos en un segundo estaba el becerro en el suelo.


El becerro es derribado a mano, siendo los puntos clave la cabeza y el rabo
 Recuerdo que había cuadrillas de tres o cuatro jóvenes y que se iban turnando. Eran frecuente los sanos "piques" entre ellos que le daban a la faena un ambiente aun más alegre. Una vez en el suelo el becerro era sujetado por las patas, las manos y la cabeza y se procedía a su herrado.

El animal es herrado bien sujeto por la cabeza, el rabo y las patas
 Cuando estaban todos los hierros puestos, la señal de oreja hecha y se había soltado la cuerda que ataba las patas desaparecía todo el mundo y solo se quedaban con el becerro el que sujetaba el rabo y el que aguantaba la cabeza. Éste último soltaba al animal y el del rabo tenía que ser habilidoso y rápido para evitar la cogida y el consiguiente revolcón.

Tras acabar con todos los becerros se procedía a la comida que, con tanto personal, se convertía en una verdadera tertulia taurina campera. Recuerdo que siempre se empezaba hablando de los revolcones de la mañana, de los pelos de los becerros, de la arrancada de tal y el tropezón de cual. Entre tanto, sardinas, filetes y distintos manjares con los que el ganadero tenía contentos a los ayudantes y aseguraba su presencia en el siguiente herradero. Así, entre bocado y bocado, seguía la charla y ya se empezaba a hablar de toros y de toreros para acabar, cuando ya el vinito iba haciendo efecto, con la tarde cayendo y algún que otro fandango.

Os cuento todo esto con nostalgia, muchísima nostalgia, porque ya casi nadie hace los herraderos así. El cajón se ha impuesto y como es más rápido y hace falta menos personal las comidas y tertulias camperas se han ido perdiendo. Ya casi nadie sabe como se tira un becerro a mano, el ambiente festivo desapareció y en lo único que se parece un herradero de antes a los de ahora es que los becerros son herrados y hay una candela. Aunque en esto también hay diferencias porque nada tiene que ver el moderno gas butano y aquellas candelas con boñigas que ya nadie sabe hacer.

Los hierros al calor de la candela. Al fondo los sacos de boñigas.
 Quizás en lo único que se parezcan es que todavía huele a pelo quemado, ese olor tan característico que me hace recordar, soñar y viajar al pasado donde no existen cajones, ni gas, ni rapidez, donde las tradiciones se mantienen, se suda y se disfruta, donde un herradero no era una faena más, era un día especial.

4 comentarios:

  1. Alberto:
    No niego que los herraderos con el cajón este de marras sea mas rápido. Pero macho, que feo es ver a un becerro como si estuviese en un aparato de esos de tortua de la edad media.

    En la ganadería donde trabajaba llegabamos a herrar de la manera tradicional hasta ciento veinte becerros al dia, y mi función era la de colear. Le tenia cogido el rollo, y cuando el de la cabeza soltaba le daba la vuelta sobre el costado antes que se pudiera levantar, y lo dejaba mirando hacia la puerta. La mayoría, cuando se levantaban lo que veian era el campo y salían a toda ostia. Eso si, algunos se volvían y al primero que veian era a un servidor. Ahora lo hago de vez en cuando.

    Todas estas tradiciones se van perdiendo Alberto, y no nos damos cuenta que con ellas se pierde no solo un ritual, sino una parte de nuestras raices.

    Un abrazo.

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    1. A mí me pasa igual Marin, el cajón no me gusta nada. Se pierde todo el sabor añejo de esta faena. Pues suerte has tenido de haber herrado a la antigua usanza, yo recuerdo estos herraderos pero cuando era muy pequeño y lógicamente no pude participar nunca en ninguno. Sí he visto mucho herradero en cajón y no tienen nada que ver con aquellos herraderos que recuerdo.

      Lo único bueno del cajón es que se trabaja menos, hace falta menos personal y que se evitan algunos accidentes que ocurrían con el herradero a mano como alguna pata partida o algun pitón partido. De todas formas estos accidentes eran raros y aparecían muy de vez en cuando.

      Claro que se van nuestras raíces. Nuestras tradiciones se las lleva la maldita comodidad, la facilidad y la modernidad. Cuando ya nadie sepa herrar así y se pierda esta forma de herrar entonces nos lamentaremos. Mientras tanto, como siempre, viva la modernidad.

      Un abrazo MARIN.

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  2. La ùnica modernidad que puedo aceptar es esta: la del herradero, porqué como dice Alberto hece falta menos personal y se evitan accidentes. Pero lo que hay que conservar es esa forma de dia especial de fiesta que difrutan los aficionados ante una buena mesa de comer y beber, y que se converte en una tertulia campera como no hay otras.
    Viva la afición, viva el toro, viva la FIESTA BRAVA
    Un abrazo

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    1. Pedrito el problema es que al necesitar menos personal va menos gente a los herraderos y se lleva de la mano esas tertulias tan buenas. Ya pocos herraderos son como eran antes, tanto la faena en sí como el ambiente. Pero bueno habrá que recordar porque otro remedio no queda...

      Un abrazo

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