domingo, 16 de diciembre de 2012

Los toros del castillo: Torrestrella

Ya he escrito por aquí más de una vez que una de mis costumbres o aficiones es subir al cerro del castillo, allí en mi pueblo, Medina Sidonia. Me gusta observar el paisaje, escuchar aquellos sonidos, mirar y remirar las haciendas de las personas del pueblo alrededor del cerro y las grandes fincas a lo lejos. Me gusta escudriñar hasta el más último detalle, los arroyos, las vacas, la vegetación, los pueblos y los restos de otras culturas que pasaron por mi tierra. Siempre me gustó mucho la historia de mi pueblo y cuando subo allí me imagino cómo sería ese paisaje hace muchos años. Me imagino como viviría el pueblo alrededor del castillo, los ataques de otras poblaciones, la alerta dada a toda prisa por castillos vecinos... Y estando en semejante trance no puedo obviar aquella fortificación que se ve a lo lejos, el castillo de Torrestrella.
El castillo de Torrestrella en su estado actual
Fue una fortificación vigía que avisaba al castillo principal, situado en Medina, de cualquier ataque o circunstancia extraña que ocurriese. Más tarde fue propiedad de una orden eclesiástica y posteriormente sus paredes sirvieron de refugio para bandoleros. Actualmente el castillo está semiderruido y ya no es lo que era. Ya no andan por sus alrededores soldados, monjes o bandoleros. Ahora en sus alrededores corretean toros. Sus paredes cansadas de ajetreos, guerras y asaltos ahora descansan viendo la plácida y tranquila existencia de los toros bravos de la ganadería que lleva su nombre, Torrestrella.

Y es que el castillo no sería lo mismo sin la ganadería ni la ganadería sin el castillo. Su idílica unión comienza con la llegada de reses bravas a sus alrededores, a la finca "Los Alburejos", en el año 1954. Tres años más tarde, D.Álvaro Domecq, dueño de la ganadería, asombrado por la majestuosa presencia de aquel castillo en las cercanías de sus toros no duda en sellar la unión y nombra a su ganadería con su nombre. Desde entonces las reses de la divisa azul y oro llevarán para siempre el apodo de Torrestrella.

D.Álvaro creó un encaste propio alrededor de la fortificación con reses de Curro Chica, Carlos Núñez y Jandilla, teniendo un resto de sangre Veragua diluido en toda la mezcla anterior. La alquimia del ganadero ayudado por la romántica presencia del castillo hizo un toro especial. Este toro es un toro hondo, mediano, con buen morrillo, con encornaduras bien desarrolladas y con multitud de pelos, entre los que destaca el clásico burraco de Torrestrella.
Clásico toro de Torrestrella
 El ganadero alrededor del castillo no sólo creó un encaste y formó su ganadería. Además construyó un templo del campo y la bravura en "Los Alburejos". Numerosos patios con leyes del caballo y el toro en sus paredes, reunió a los mejores hombres del campo, formó a su hijo y a sus sobrinos como rejoneadores, aunó la tradición y la modernidad en la plaza "Virgen del Recuerdo", y lo más importante, sentó cátedra con sus toros.
"Los Alburejos" es un templo del campo bravo, del toro y del caballo
 Y es que el idilio del ganadero jerezano con el castillo siempre le ayudó en la selección. El castillo le inspiraba y a cambio sus toros hacían famosa la leyenda de aquella fortificación llevando su nombre por las plazas más importantes del mundo. Gracias a la ayuda del castillo los toros de Torrestrella salían bravos. La ganadería se hizo famosa en poco tiempo y la querían todas las figuras de la época.

Toros como "Chiflado", "Ojosnegros", "Vidalarga", "Castellano", "Gamonero", "Buenasuerte", "Abrileño", "Gitanito", "Alicantino"... premiados con vueltas al ruedo en Madrid y Sevilla, con premios Carriquiri al mejor toro de San Fermín o incluso con el indulto, daban lustre al palmarés de la divisa. 

Pasado un tiempo los toreros la dejaron de lado porque la unión del ganadero y el castillo se hizo tan fuerte que aquellos toros multicolores salían demasiado bravos. Eran encastados, con poder, con transmisión, eran bravos. Hasta que aquella relación idílica, ejemplar y mística se rompío con el fallecimiento del hombre. El castillo lloró su ausencia y aquellos toros ya no salían tan buenos. La ganadería sufrío un bajón importante.
La idílica relación de los toros con el castillo se rompió al fallecer D.Álvaro
 Por herencia la vacada de D.Álvaro cayó en las manos de su hijo y sucesor. A este señor, al principio, le costó coger un poco el ritmo a la ganadería de su padre. Derrochaba afición, tesón y trabajo pero no obtenía los frutos deseados. Sabía mucho del toro pero no tenía la ayuda de la fortificación que desde lo alto del cerro protegía a sus toros cuando todos dormían.

Pero D.Álvaro Domecq Romero parece que está volviendo a recuperar la ilusión de las rocas y paredes de aquel castillo medio derruido y éste recompensa al nuevo ganadero con bravura como lo hizo con su padre. Prueba de ello es la temporada pasada donde los toros de la divisa azul y oro dejaron de nuevo su huella siendo premiados en Burgos, Sevilla, Zaragoza o Bilbao. La ganadería está volviendo por sus fueros, los toros salen encastados, Torrestrella vuelve a resonar por las mejores plazas del mundo y aquel castillo que se ve a lo lejos desde el cerro de Medina vuelve a ver la bravura nacer a su alrededor.

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